Universidad y trabajo ¿Un callejón sin salida (laboral)?
Javier Borelli
Anécdota
En una clase del Taller de Periodismo del cuarto año de la Universidad un docente se paró al frente del aula, nos puso un oso de peluche arriba de su escritorio y nos dijo como única consigna que escribiéramos una noticia. Los estudiantes nos miramos algo desconcertados e intentamos resolver esa tarea reconstruyendo una posible noticia a partir de esa situación. Pasados unos minutos el docente nos hizo leer nuestros trabajos y escuchamos tantas versiones distintas como personas había en el aula. Uno a uno rechazó todos nuestros artículos por su falta de consistencia. Finalizadas las lecturas, levantó el oso y descubrió un papel que tenía pegado en su parte inferior: “Cuidado, bomba”.
Pasadena style
“Se busca periodista que resida en India para informar sobre el gobierno y la escena política de Pasadena, California, Estados Unidos”. Este aviso apareció publicado en la página más popular de clasificados online de India, a mediados de 2007. Varios respondieron al anuncio pero solo dos fueron contratados por James Macpherson, director del diario digital Pasadena Now. Sus tareas eran inicialmente informar acerca de lo que sucediera en la legislatura de la ciudad norteramericana aprovechando que esta transmitía sus sesiones en vivo por Internet. La formula rindió frutos para Macpherson y poco tiempo después Pasadena Now extendió su redacción en India a 6 periodistas. La idea era muy redituable (con menos de lo que cobraba anualmente un periodista en EEUU conseguía dos en India), pero no era original. En 2004 la agencia de noticias Reuters había marcado el camino cuando decidió mudar su sector de información financiera desde la capital inglesa a Bangalore, la tercera ciudad más poblada de India. Sus incentivos eran claros, los honorarios hindúes eran un 60 por ciento más baratos que los británicos. El razonamiento empresarial no deja lugar a dudas: ¿Si tenemos zapatillas Made in India, por qué no contenidos informativos?
La pregunta anterior ilustra una tendencia de la prensa mundial que se viene desarrollando en los últimos años. En la “empresa informativa”, el primer término ha ido ganando peso en relación al segundo, y la degradación de la calidad de la información es una de sus consecuencias más importantes. La tercerización, así como la concentración (horizontal y vertical) y la precarización laboral, son sólo algunas de las manifestaciones explícitas de este proceso arriba mencionado. La conformación de conglomerados informativos y la propiedad cruzada de medios de comunicación, son las principales características que se hacen evidentes actualmente en el sistema comunicacional argentino. El flujo centrífugo de la información irradiado desde nuestra capital, la ausencia de una pluralidad de voces y la imposibilidad de establecer agendas locales, son consecuencias prácticas que vienen siendo denunciadas por varios periodistas y académicos desde la década del 70 y que hoy siguen constituyendo parte de un diagnóstico que empeora cada año.
Ante este panorama, es inevitable hacer referencia a los avances tecnológicos que se han producido en las últimas décadas y en los efectos que la informatización ha provocado en el desarrollo de la práctica periodística y en el modo de producir información. Tal como preanunciaban Patricia Terrero y Héctor Schmucler en 1987, “la rentabilidad ha constituido siempre una variable fundamental en las empresas periodísticas, pero los cambios tecnológicos le otorgan un lugar decisorio: la magnitud de las inversiones y la lógica productiva que impone la automatización, transforma el concepto de rentabilidad en factor organizacional y no solo en consecuencia esperable de la actividad de la empresa”. Por aquellos años, ya veían con claridad un proceso en el que “los técnicos (en informática, en organización, en gestión) van construyendo la matriz de la nueva empresa periodística en la que la información es un insumo y no un objetivo a lograr.” El periodismo enfrentaba entonces un período de cambios y, con él, la noción de periodista hasta entonces concebida, entraba definitivamente en crisis.
Sin embargo, a contramano de lo que podía suponerse a partir del texto de Schmucler y Terrero, la oferta de estudios en periodismo creció desde fines de los años 80 y principios de los 90. Cursos especiales, estudios terciarios, carreras universitarias y maestrías han proliferado y formado una gran cantidad de personas listas para salir al mercado laboral del periodismo. El sistema hiper-concentrado de medios de comunicación en Argentina, no obstante, restringe su desarrollo profesional y los sume en la incertidumbre. En este marco es que surge plantearse algunas observaciones que apuntan a establecer las perspectivas de inserción laboral de los periodistas jóvenes con formación en la universidad pública en la Argentina.
La paradoja laboral
Capacitados en una visión crítica del periodismo basado en estudios teóricos de comunicación y cultura (de larga tradición en América Latina), los estudiantes de las universidades públicas que quieren desarrollarse como periodistas se enfrentan a un mercado que se bifurca ante ellos en clave dicotómica: medios masivos o medios alternativos. Los primeros les garantizan un canal de distribución más amplio y ofrecen la posibilidad de ejercer profesionalmente a cambio de una retribución económica, aunque las oportunidades de inserción son muy limitadas y tienen como contrapartida menor independencia en la elaboración de contenidos y precarias condiciones laborales. Los segundos, en cambio, presentan generalmente mayores chances de participación y mayor independencia para la selección de temas y de enfoques; pero su circuito de difusión es mucho más reducido, al igual que las posibilidades que tienen los periodistas para vivir de su trabajo a raíz de la habitual fragilidad económica que presentan esos medios y de la dificultad para garantizar su sostenibilidad en el largo plazo.
Ante esta situación, el periodista encuentra generalmente una tensión muy difícil de resolver: buscar trabajo en un medio masivo sabiendo que deberá condicionar el ejercicio de su profesión a una línea editorial y a ciertos intereses políticos; o desarrollarse en un ámbito alternativo marginado de los grandes circuitos de distribución y con dificultades para construir su legitimidad como medio independiente. El joven periodista formado en la práctica ética de su profesión - intrínsecamente ligada a ciertas convicciones y criterios que se ajustan a los defendidos desde la alternatividad, pero movilizado a la vez por la pretensión de llegar a una mayor audiencia y poder garantizarse la subsistencia- quedaría entonces ante una paradoja difícil de resolver de cara a su futuro profesional: someterse o marginarse. De cualquiera de las dos formas estaría dejando de lado aquella idea de trabajo que promovió su interés inicialmente.
Nóicanigram (o cómo invertir la marginación).
Ignorar las visiones e intencionalidades que acompañan a la producción de información o a cualquier otra intervención mediática, constituye hoy uno de los principales riesgos que nuestra sociedad asume a la hora de evaluar críticamente sus consumos culturales. Afortunadamente, pese a los persistentes intentos de los medios masivos de comunicación de presentar su trabajo en términos de “objetividad”, la desmitificación de esta idea ya casi no es discutida en los espacios de formación periodística y es una de las primeras cosas que aprenden los estudiantes de estas carreras.
Entonces, ante una situación paradojal como la planteada anteriormente, que parece no dejar margen para salidas coherentes con las pretensiones creadas en las propias instituciones de formación, es preciso pensar si esta no encierra en si misma -al igual que la noticia- la perspectiva de alguien que lo enuncia. Ejerzamos pues nuestra profesión e indaguemos las respuestas que nos permitan construir nuestro propio relato: ¿Quiénes son los que enuncian? ¿Por qué lo hacen, qué intereses persiguen? ¿Cuándo y en qué momento se nos presenta? ¿Cómo lo hace y mediante qué mecanismos? Llegados a este punto, formulémonos por qué los periodistas formados en el cuestionamiento de la noticia “objetiva” nos sometemos ante situaciones como estas que nos ubican en el marco de la aceptación, resignación e inmovilidad.
Cuando lo establecido se presenta como inmodificable, se cierran sentidos. Las preguntas, en cambio, incentivan la reflexión acerca de nuestra propia práctica y nos posibilitan a la vez poner a prueba nuestra coherencia y la posibilidad de ejercer un juicio crítico. Las respuestas, sin embargo, de poco servirán si son realizadas de manera individual. Será cuestión entonces de afinar las preguntas y buscar respuestas colectivas que nos permitan crear un ámbito distinto para nuestro desarrollo profesional.
Final de la anécdota
Ninguno se había levantado de su asiento para ver el oso de peluche desde otro lugar. Mucho menos lo había investigado pormenorizadamente fuera de aquella mesa en la cual se encontraba “sentado” en la posición que el docente le había asignado. La bomba no estalló, obviamente era de mentira. Lo que explotó aquel día fue una forma de entender nuestra práctica.
Schmucler, H y Terrero, P., “El inci erto destino de la prensa informatizada” , en Diálogos de la Comunicación, núm.18, octubre 1987
Los medios masivos conformados como conglomerados de empresas multimediales tienen la capacidad de marcar agenda a raíz de su gran penetración en el territorio nacional (ya sea de manera directa a través de medios de comunicación de su propiedad, o indirecta a través de noticias suyas reproducidas por otros medios). Esto les retribuye una gran capacidad de influencia y, al mismo tiempo, los ayuda a legitimarse como fuente de información. Los medios alternativos, en cambio, suelen armar una agenda propia donde se hace hincapié en problemas locales habitualmente protagonizados por los “no representados” por los medios masivos y en donde se invierte el enfoque en relación a estos últimos. Sin embargo, restringidos en sus presupuestos, muchos medios no pueden acceder a grandes canales de distribución y difícilmente su información trascienda los márgenes del círculo que comparte su forma de pensar. Esto no les permite habitualmente incidir en la medida que aspiran, ni legitimarse frente a nuevos públicos. Esta situación refuerza la idea extendida de que “lo que no aparece en los grandes medios de comunicación, no sucede” (afirmación de grandes y preocupantes implicancias pero que no se desarrollarán aquí puesto que exceden los propósitos de este artículo).
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