La crisis financiera internacional estalló hace apenas unos meses y ese hecho puso en evidencia la falta de sustentabilidad del sistema vigente.
Para algunos esta crisis se debe a “excesos”, es decir a cosas que se hicieron mal dentro del sistema. El mismo argumento que tienen muchos de los que justifican el Golpe de Estado del 76' . Sin embargo mi visión es la de quien cree que en el seno de este sistema es que se encuentra el mal, y por lo tanto para acabar con ese mal no alcanza con ponerle parches al actual sistema para hacerlo más “tolerable” (es decir más inclusivo, son una mejor distribución de la riqueza, con empresas que respeten al medio ambiente, con menos consumismo y más responsabilidad por parte de todos) sino que hay que cambiarlo de raíz.
Francamente creo que la única manera de arreglar todo esto es cambiando realmente el paradigma social. Es viendo la vida desde otro lugar; por ejemplo pensando más en ser que en tener, en lo colectivo más que en lo estrictamente individual, en la igualdad de oportunidades, en el desinterés por consumir cada vez más (en tener el mejor celular, el último auto)
Para eso es fundamental pararse un momento y pensar ¿realmente todo esto vale la pena?
Para los teóricos del liberalismo económico (vale la aclaración, porque por lo general ser un liberal en lo económico es inversamente proporcional a ser un liberal en lo político-cultural) la única forma de lograr el desarrollo de las sociedades es dejando en manos de los individuos todas las actividades productivas sin mayor intervención del Estado que la que deben brindar en materia de seguridad (porque ahí si que piden “un Estado más fuerte y presente siempre”)
Para ellos lo inherente al ser humano es producir para lograr una diferencia con respecto al otro (para ellos lo único que mueve al ser humano es la competencia por “aplastar” al otro; es la supervivencia del más fuerte), y es por ello que consideran a los sistemas comunistas y hasta aquellos socialdemócratas como dañinos y peligrosos porque atentan contra la “naturaleza humana”.
Según ellos el “mercado se autorregula” a través de la ley de la oferta y la demanda, y atribuyen cualquier crisis a la falta de una libertad completa en lo económico.
Y para lograrlo son capaces de todo; de represión, de dictaduras cívico-militares, de torturar y matar cada día de a poco a través del hambre a millones de personas alrededor del mundo.
Y es esa la crisis, la verdadera crisis humana que no se resolvió nunca; porque nunca hubo real intención de resolverla para acabar con el flagelo más grande al que es sometido el ser humano, que en nuestros tiempos no tiene razón de ser, porque alimentos no faltan; lo que falta es la distribución de los mismos.
Ahora yo me pregunto que es más ilegal, si robar o acumular dinero.
¿Será posible que algún día nos preguntemos aunque sea por una vez que es lo que realmente debería importarnos, que debería ser un pecado y que no, cómo podríamos hacer para crear realmente un mundo donde viviéramos en paz?
Yo creo que hasta que no cambiemos nuestra concepción del mundo eso nunca va a pasar.
Y la concepción acerca de lo que debe ser y lo que no es algo que nos viene dado, no por la naturaleza sino por la cultura de la cual formamos parte. Desde pequeños nos van “contaminando” con lo que está bien y mal; es decir que nos van homogeneizando, nos van haciendo bichos de sociedad, parte de la masa inerte que se mueve sin un verdadero sentido de lo que se hace sino siguiendo simplemente el camino ya trazado por los que nos anteceden.
Y después de papá y mamá viene la escuela, ese gran templo, esa burbuja en la que nos meten para hacernos parte de un todo, para que podamos “ser alguien en la vida”, para homogeneizarnos.
Porque la educación no fue instaurada con el fin de hacer mejores personas, sino para acabar con la “barbarie”. Y en este punto me pregunto quienes eran más bárbaros, si las tribus indígenas con sus rituales sangrientos, o el hombre blanco que las masacró para llevarse su oro y ocupar sus tierras, haciendo uso de su supuesta superioridad intelectual y social por sobre el indio; y me cuestiono acerca de si eran más absurdos sus múltiples dioses que el monoteísmo que los jesuitas les impartieron.
Y otro instrumento de coerción social es la religión.
“La religión es el opio de los pueblos” dijo una vez Marx. Y tenía razón. Particularmente creo que se puede extrapolar lo que provocan las “drogas legales” (llamados medicamentos) para calmar la depresión, el consumo de sustancias no permitidas y la creencia en un Dios; todos tienen un mismo fin, que es el de sustraerse de una realidad que duele, asusta, disgusta, supera.
Entonces siempre es más fácil elegir no hacerse cargo, ósea conseguir cocaína, o paco, o ir a la Iglesia a rezarle a un Ser Supremo.
Es una forma de no hacernos cargo de nuestra existencia.
Y la religión sostiene también al sistema vigente, porque todo es parte de un todo.
Ahora cabría preguntarse de que hablamos cuando hablamos de progreso. Como el Pelado Cordera creo que “el progreso fue un fracaso”; y una razón es la concepción de progreso en nuestro sistema tiene que ver única y exclusivamente con la mayor generación de bienes y servicios, y si para ello hay que destruir a la naturaleza eso es visto como una consecuencia “inevitable” del “desarrollo”: el planteo es desarrollo (económico claro) o naturaleza. Todo no se puede.
Un problema de esto es que estos “beneficios” no llegan a todos como planteaba Adam Smith cuando habló de su famosa teoría del derrame, y en segundo lugar cabría cuestionarse ese concepto de progreso.
A mi entender el progreso pasa por otro lado; por el mayor conocimiento (incluido el autoconocimiento) y no como un medio para obtener otras cosas, sino visto como un bien en sí mismo), por un desarrollo humano, por un mayor respeto por la naturaleza, por un entendimiento entre las diferentes culturas.
Y visto como sea visto, este sistema ya fracasó, y no hay vuelta atrás en ello.
Y hay que dedicarle también, por supuesto, un capítulo a los medios masivos de comunicación, quienes ejercen una gran influencia en el inconsciente colectivo, por lo cual nuestras “vacas sagradas” son continuamente reforzadas y hasta creadas por los mismos.
Si bien el rol del periodismo consiste en informar a la población, ser un nexo entre las personas, funcionar como un mecanismo de control, y por sobre todo ser la voz de los que no la tienen, de los más desfavorecidos, lo cierto es que con el correr de los años esa función se fue “contaminando” por el mundo empresario y hoy en día los medios masivos de comunicación son grandes corporaciones al servicio del poder económico y cuyo fin es el mismo que el de cualquier empresa: ganar dinero. Y si para ello hay que omitir algún tipo de información porque la misma podría “disgustar” a algún auspiciante del medio, hay que hacerlo. Porque se antepone la lógica del mercado por sobre el deber ético del periodista.
Y si tenemos en cuenta que los dueños de los medios no son empresarios sino periodistas, el panorama es realmente negro.
Lo más maravilloso de todo esto es que los medios no necesitan mentir para crear un clima propicio para los poderosos del sistema, sino que basta con no mostrar, o por mostrar desde un lugar que beneficie a lo que ponen el dinero para mantener la empresa periodística.
Como podemos observar haciendo una lectura crítica de los diferentes diarios existentes, cada uno de ellos muestran las noticias desde diferentes aspectos. Siempre hay una postura, porque todos miramos desde un lugar y es ahí donde nos paramos para contar los hechos. Contamos entonces lo que para nosotros es lo destacable, y obviamos muchas otras cosas que también pasan.
Bien, los medios, en su lógica perversa, “tapan” ciertas cosas; es decir aunque las vean las omiten. Y se paran en el lugar que económica o ideológicamente les conviene.
Situación:
En 2002 se produjo la muerte de los piqueteros Kosteki y Santillán en el Puente Pueyrredón.
Al día siguiente de la matanza, Clarín tituló en primera plana: “La crisis provocó dos nuevas muertes”, cuando ellos mismos sabían que un policía había matado a los dos manifestantes.
Ese título es memorable, porque aparte de estar mal redactado técnicamente (la “crisis” no puede matar a nadie, son las personas quienes matan) tiene el agravante de que Clarín contaba con las fotografías que revelaban el crimen y el autor de los mismos.
En un principio intentaron atribuirlos a un enfrentamiento entre los propios manifestantes. Luego, ante la incapacidad de seguir manteniendo la mentira, mostraron la foto y se defendieron aludiendo que no la habían visto antes.
Esta verdad revelada precipitó la salida del entonces presidente Eduardo Duhalde, quien fue el responsable político de la matanza, ya que quien mandó a reprimir. Poco tiempo después convocó a elecciones anticipadas.
¿Qué pasó? Clarín se había visto beneficiado por la medida de Duhalde de cobrar las deudas 1 a 1 luego de la devaluación que llevó el dólar a los $4.
Digamos que el multimedios le debía un favor bastante grande al ex gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
Y como este hay miles de ejemplos de cómo los medios ocultan información deliberadamente para responder a los intereses de los grupos de poder.
La Comunicación ante la diversidad de la crisis actual.
Hugo E. Stefanazzi
La urgencia del debate por una nueva ley de comunicación.
Florencia Copley
El nuevo camino de las comunicaciones. Las redes periodísticas, a través de los comunicadores independientes, son la alternativa.
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Ernesto José Suárez
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Mariela Fiamingo
En qué crisis estamos y qué preguntas nos hacemos
Roberto Sardi
Responsabilidad Social Empresarial (RSE): Reinserción Sicológica al Empleo (RSE).
Francisco Ule Rebolledo
Transformación del lenguaje, incomunicación personal y reconceptualización de la información en el siglo XXI.
Pablo D´Elio
Universidad y trabajo ¿Un callejón sin salida (laboral)?.
Javier Borelli
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