Género

Seminario Objetadas

Ejercicio de la ciudadanía, poder político y asamblea constituyente:

Desafíos pendientes en torno a la participación política de las mujeres bolivianas

por María Bolivia Rothe*

 

Al actuar a través de grupos identitarios y no establecer relaciones políticas con otras fuerzas, el movimiento de mujeres se encuentra aislado y excluido de la política nacional. Aún no es eficiente su capacidad de respuesta ante situaciones de coyuntura y sólo en contadas ocasiones se ha logrado la presencia política real de las mujeres, organizadas, como en Octubre de 2003 y luego, invisibilizadas en cuanto a su capacidad de reproducir el poder al interior de sus organizaciones de base. Sin figuras visibles, la actividad femenina ha desaparecido del ámbito político y social nacional.

La negativa a concentrar en unas cuantas liderezas la voz de todas, a designar representantes, a confiar las unas en las otras, ha enmascarado un afán competitivo, cargado de sentimientos negativos, y se ha convertido en un freno del desarrollo político de algunas compañeras. La resistencia para aceptar liderazgos es un problema crónico. La envidia ha logrado que se olviden los beneficios de contar con ciertas figuras públicas que encarnen las demandas políticas y sociales de las mujeres bolivianas en el ámbito nacional.

Con el proceso de transición a la democracia se abrió una nueva dimensión en las conciencias ciudadanas en la que muchísimas mujeres sentimos la urgencia de vías distintas para participar. La necesidad de integrarse en la dinámica política del país condujo a varios grupos al examen severo de su práctica política, que aunque se pretenda "diferente", frecuentemente es arbitraria y manipuladora, con un manejo negador y victimizado del poder. Aunque en grupos de mujeres cundió la inquietud de participar en el proceso nacional, el movimiento en su conjunto no tenía propuestas sobre el proyecto de transición, pues en su visión del feminismo como opción "revolucionaria", la lucha por la democracia resultaba una cuestión reformista.

A esta actitud se enganchó el desafío de articularse con otros grupos políticos. Pero impulsar una concepción política más afinada, desde la cual desarrollar formas organizativas más eficaces, requiere otro posicionamiento identitario. Las mujeres que sacralizan su propia identidad, y se sienten víctimas totales o que se creen en lo fundamental más buenas, sensibles y honestas que los hombres, no consiguieron establecer relaciones políticas entre sí y con otras personas. Por lo tanto, esta visión del movimiento de mujeres donde se considera a éste como un sitio de pertenencia identitaria muy arraigada y muy alejada de la concepción masculina, machista, las mujeres hemos logrado una autoexclusión real de la política y solamente accedemos mediante la concesión pactada de las cuotas de poder, que tampoco significan una real participación en términos de poder político que se ejerza o de ciudadanía que sea efectiva.

Reconceptualizar la práctica política caracterizando la identidad no como una esencia irreductible sino como una posición que se asume o que se nos asigna, implica dejar de preguntarnos quienes somos para empezar a cuestionarnos donde estamos y cual es nuestro rol en la historia actual. Permite ver a las otras personas que están junto a mí y hace más fácil pensar de manera distinta cuestiones sobre la identidad; alienta una preocupación sobre las relaciones entre diversos tipos de identidades, y por lo tanto, sobre el desarrollo de una política basada en afinidades y coaliciones. La tan mentada "unidad en la diversidad" que deja de ser un discurso meramente teórico, para convertirse en una práctica cotidiana que enriquece la política y afirma la identidad de todos y todas.

Un riesgo que la democracia boliviana está enfrentando ahora, es la multiplicación de enfrentamientos en términos de identidades esencialistas, con sus valores morales no negociables. Por eso hay que cuestionar la idea de una identidad única, que supuestamente dota de sentido, y reconocer la simultaneidad de distintas construcciones de la identidad. La lucha contra las formas excluyentes de la reivindicación identitaria requiere otra forma de identificación -que podemos calificar como ciudadana-, fiel al pluralismo y los valores democráticos. La necesidad de hacer política obliga a una práctica más responsable, más abierta, más ciudadana.

Intentaremos delinear los próximos desafíos que el movimiento de mujeres bolivianas con miras a una participación política más eficiente e inclusiva, que pueda dar respuestas a la agenda nacional, a ésta coyuntura tan complicada que estamos viviendo como país, en el que se han removido desde sus cimientos todas las concepciones que hasta hacen unos cuantos años construían la noción que el imaginario colectivo tenía cerca de lo que es Bolivia como país y como nación.

La participación política de las mujeres en el país todavía es un proceso lento que requiere de mucha voluntad política, por lo que debemos establecer una red para la construcción de espacios de ciudadanía en todos los ámbitos, ya sean públicos o privados; es importante pasar de una ciudadanía otorgada del 30% hacia una ciudadanía exigida del 50% que, además, ya ha sido brillante y lúcidamente reclamada por varios grupos de mujeres que han hecho de la lucha por la equidad y la participación, una bandera de vida. Y cuando digo que la ciudadanía del 30% fue otorgada, no intento minimizar las luchas que muchas mujeres libraron por hacer esto una realidad, todo lo contrario, porque si no hubiera sido por la valentía de ellas, jamás se hubiera conseguido nada. Me refiero al espíritu con el que el colectivo masculino aceptó esta norma; con un espíritu de concesión al más débil, pero sin cambiar ni un milímetro la construcción mental, patriarcal y machista, que define las relaciones entre los sexos. Y para comprobar esto, basta con remitirse a la historia personal de muchas mujeres que se atrevieron a participar en la política en igualdad de condiciones y que fueron víctimas de un sistemático acoso político que no les permitió ejercer sus funciones o el caso de mujeres que, estando en funciones públicas democráticamente elegidas, no pueden lograr autonomía en sus acciones porque se encuentran dominadas por una estructura partidaria machista y coartadora de las verdaderas reivindicaciones femeninas. Por eso es que sostenemos con mucha vehemencia, que el concepto de paridad y alternancia, más allá de un número escrito en un papel, deberá constituirse en una nueva manera de ver la sociedad de a dos; de ver la sociedad con los ojos de la equidad y del respeto por la presencia de otros y otras, diferentes, pero unidos en la diversidad. Si no es así, no pasará de ser un mero enunciado escrito sin mayor trascendencia. Las luchas políticas lo son cuando, además de ser libradas, tienen el poder de cambiar el statu quo.

Tal vez la principal lección que deberíamos aprender como mujeres, es la necesidad imperiosa que tenemos como movimiento de reconocer todas que, la unidad tiene que ser construida políticamente. El anhelo democrático propicia una recomposición interna urgente e inmediata a la luz de la nueva visión que construiremos en el marco de la Asamblea Constituyente y la propuesta de autonomías.

Para lograr una mayor participación en la política, en la toma de decisiones del país y en los procesos de paz, las organizaciones de mujeres en el país están dispuestas a abrirse mayor espacio y jugársela en la reforma política, de cara a una Asamblea Constituyente de mujeres, con el propósito de construir un nuevo país más justo y equitativo para todos.

 

*Médica boliviana, especialista en Salud Pública, activista de los derechos de las mujeres latinoamericanas y militante del Movimiento Al Socialismo, Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos, de Bolivia (MAS-IPSP). Actualmente, ejerce como coordinadora Nacional para la Asamblea Constituyente del MAS-IPSP en La Paz.

 

 



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