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Investigaciones
IV
Jornadas Nacionales
Espacio, Memoria e Identidad |
Organizado
por: Facultad de Humanidades y Artes
Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales
Universidad Nacional de Rosario.
Rosario, 4 al 6 de octubre de 2006
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Mesa:
Historia reciente. Los movimientos sociales y la lucha por los derechos
civiles,
culturales y políticos en América Latina.
PONENCIA
DEL OBSERVATORIO DE MEDIOS
Movimientos
sociales y organismos de derechos humanos:
la ideología de la Memoria en acción
Autoras: María Rosa Gómez,
periodista, docente de la UBA y la UNICEN.
Liliana Belforte,
periodista.
Ambas integrantes del Observatorio de Medios-UTPBA
Hacia
mediados de la década de los '90, irrumpieron en el mapa político
de la Argentina, organizaciones sociales, colectivos artísticos y
grupos barriales, que denunciaron de distinta forma, las consecuencias
de la aplicación de políticas neoliberales. Algunos de estos grupos
venían de una militancia anterior ligada a la lucha por los derechos
humanos. Otros, se organizaron alrededor de la consigna de resistencia
al neoliberalismo, política que alcanzó su máxima expresión durante
los años 90 y dejó como saldo millones de trabajadores expulsados
de los circuitos de producción, tanto en América Latina como a nivel
mundial. Todo ese proceso coincidió con el profundo cuestionamiento
y pérdida de credibilidad de la sociedad en lo que refiere a instituciones
tradicionales como partidos políticos, sindicatos y poder judicial,
y el consiguiente rechazo a todo tipo de expresión colectiva organizada.
Esta situación transformó las estrategias de difusión de los reclamos
que se daban los "ya organizados" como así también los "nuevos" actores
políticos emergentes de la crisis. De acuerdo a la visión de Alain
Touraine(1) "los fundamentos mismos de
la política representativa hoy se hallan socavados, en primer lugar,
y antes que nada, porque ningún grupo social parece portador de intereses
generales". Así, grupos ambientalistas, minorías sexuales, organizaciones
barriales, estudiantiles, sociales, se abocaron a reivindicaciones
específicas y -en algunos casos- desagregadas de reclamos articulados
a otros actores políticos, como gremios, sindicatos y partidos. En
ese contexto cobró profundo protagonismo -como dispositivo de visibilización-
la industria audiovisual, especialmente la televisiva, que se convirtió
en el escenario de disputa de los actores políticos, tradicionales
o emergentes de la nueva etapa.
Bernard
Manin(2) denomina a esta etapa "democracia
de lo público", en la cual "razones económicas y técnicas han implicado
la declinación de la prensa partidaria y de la prensa de opinión".
La "democracia de lo público", según Manin, "se vincula con los canales
a través de los cuales la opinión pública se manifiesta". La política
se aleja de esta manera de los espacios tradicionales, a la vez que
es estigmatizada desde los medios de comunicación -que se esfuerzan
en demostrar que ellos son los verdaderos portadores de la representatividad
de la sociedad-.
En este
escenario, el impacto visual se prefiere a la solidez de un programa
político o el despliegue de ideas. Para ganar un lugar en la construcción
de la agenda de los medios, los actores políticos y sociales deben
darse estrategias de visibilización en las cuales la imagen, el signo,
la marca, tendrán un rol preferencial. Esto se ha podido comprobar
tanto en el plano internacional, por ejemplo en las acciones de los
grupos antiglobalización -o globalofóbicos- como en el plano nacional.
Este trabajo analizará los repertorios mediante los cuales los colectivos
de Encuentro por la Memoria, H.I.J.O.S. y el Grupo
de Arte Callejero ponen en acción la memoria y la identidad, a
través de sus prácticas militantes y la forma en que se expresan ante
la sociedad.
En el
plano internacional se designó como "grupos antiglobalización" o "globalofóbicos"
a quienes repudiaron el accionar de los organismos que diseñan las
líneas de intervención económicas del sistema capitalista, como el
Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización
Mundial de Comercio (OMC) y el Grupo de los 8 (G8). Esta oposición
se expresó desde fines de los 90 a la actualidad, a través de movilizaciones
masivas en aquellos países donde sesionaban dichos organismos. Seattle
1999.

Seattle, Estados Unidos (1999)
Las principales consignas sostenidas por los distintos grupos apuntan
a la distribución equitativa y global de la riqueza, transferencia
de recursos a los países pobres, oposición al pago de la deuda externa,
condonación de la deuda de los países más atrasados, aplicación de
gravámenes a las transferencias financieras y la promoción de términos
equitativos de intercambio comercial.
Las protestas en Seattle (1999), Praga y Madrid (2000) y Génova (2001)
entre otras, tuvieron un alto contenido performativo. La presencia
de diversos movimientos sociales no fue novedosa en sí misma, lo fue
la capacidad de movilización de estas organizaciones y la magnitud
de las redes internacionales que constituyeron, conectadas con grupos
de todo el mundo. Estos grupos sociales se apropiaron de técnicas
de impacto comunicacional y encararon formas novedosas y mediáticas
de protesta, optimizando el uso de Internet y el correo electrónico
como forma de comunicación. La "ideología de la acción", o simplemente
activismo, tuvo expresiones muy dispares, lo que constituye un límite
cuando se pretende catalogar las distintas experiencias.
Para
Richard Schechner(3) "las actividades
humanas de performance pueden dividirse en las siguientes categorías,
que abarcan un continuum y esferas o ámbitos que se superponen:
juego, ritual, deportes; las artes de la performance (música, danza,
teatro); performances de la vida cotidiana; performatividad-prácticas
jurídicas-médicas-entretenimientos populares-medios de comunicación.
(...) Es paradoja fundamental de la performance que cada instancia
sea diferente de las otras".
Esas
expresiones de la resistencia al neoliberalismo -tal como ocurrió
con los millones de personas que marcharon en distintas partes del
mundo repudiando en 2003 la invasión a Irak, fueron omitidas, en general,
por los grandes medios de comunicación. La censura lisa y llana de
los conflictos se dio a través dos vías: a) un abordaje segmentado
y b) por saturación, un "ocultar-mostrando", que disuelve la historicidad
de los procesos sociales.
En los
medios, los conflictos aparecen, en la mayoría de los casos, como
hechos aislados, sin antecedentes históricos y sin inscripción temporal
o social, dificultando la comprensión de las continuidades y rupturas
en las que se inscriben. Este tipo de estrategias informativa dejó
poco espacio a la voz de los actores de las protestas, prevaleciendo
casi siempre la opinión de expertos ajenos a los movimientos sociales.
La lucha
contra el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) fue quizás el
gran logro de este movimiento. Durante el 2000, las acciones se intensificaron.
Sus rasgos comunes fueron: heterogeneidad social en la composición,
diversidad de tácticas en lo referente a la modalidad de las protestas
y un debate, que a la fecha persiste, en torno a cómo construir y
consolidar el movimiento. La red de ciudadanos de más de 70 países
del mundo que se expresaron contra la Ronda del Milenio fue
una acción casi inaugural del uso de la Red para coordinar acciones
y construir consenso en torno a los efectos negativos de las corporaciones
económicas y los organismos internacionales. En Latinoamérica, la
experiencia del Zapatismo abrió un camino en torno a cómo comunicar
las ideas y reclamos en juego, por la estrategia de comunicación que
utilizó para hacerse visible. Los nuevos activistas se nuclearon en
cientos de pequeñas organizaciones locales con objetivos específicos
pero un objetivo común: enfrentarse a la globalización. A su vez estos
grupos formaron redes internacionales mayores, sin estructura jerárquica,
con la participación voluntaria en organizaciones tales como "Retomemos
las Calles", "El grito de los excluidos", "La vía campesina", "Jubileo
2000" y otras. En cada país, se intensificaron las luchas sociales. Movimientos, ONGs, sindicatos, establecieron distintas formas de
intervención para la protesta y la mayoría de ellas impulsó acciones
de comunicación para difundir sus ideas y establecer un arco más ancho
de alianzas. En 2003, el Foro Mundial Social de Porto Alegre incorporó
como eje de debate, la comunicación y comenzó a definir el
concepto de comunicación contrahegemónica, a la vez que generó sus
propias redes alternativas de comunicación.
En Argentina,
muchas de las acciones contra el neoliberalismo y sus consecuencias,
impactaron por la utilización de imágenes de alto contenido expresivo,
desplegadas en un variado repertorio performativo, de señalización
o demarcación. Esto ha ocurrido, por ejemplo, en la mayor parte
de las acciones de Encuentro por la Memoria, organización que
con otros antecedentes de militancia -como el grupo "Sur y después"-se
abocó a la tarea de rescatar en los barrios de La Boca, Barracas y
San Telmo, las historias de los desaparecidos a manos de la dictadura
militar.
Osvaldo
López, de Encuentro por la Memoria, relata así los inicios
de este grupo en 1996, a 20 años del golpe de Estado: "Lo primero
que hicimos fue una marcha de las antorchas. Ninguno de los
barrios dejó de enterarse después de esa noche lo que se estaba trabajando,
ya que esta marcha era serpenteante, muy llamativa. En las casas que
teníamos identificadas como que habían vivido compañeros desaparecidos, queríamos dejar marcas e hicimos unas afichetas con una
reseña de vida y la foto del compañero desaparecido. Las pegamos
por el barrio y convocamos a la marcha de las antorchas. Hacíamos
un ecorrido tipo procesión y nos parábamos frente a cada casa identificada,
dibujábamos una silueta en el asfalto, con el nombre del compañero,
la fecha del secuestro y gritábamos '!Presente!'. Como en la vereda
y en las paredes no podíamos hacer nada se nos ocurrió hacer las siluetas
en el asfalto, las afichetas se podían despegar o se podían caer con
la lluvia, tenía que haber algo que fuera más persistente de nuestro
paso por ahí".
Las marcaciones
en el asfalto realizadas por Encuentro por la Memoria, remiten
a la materialidad ausente, al desaparecido, a alguien que no está,
pero estuvo allí en un momento concreto. "A la manera de un texto,
cuyo significado se separa de las condiciones iniciales de su producción,
la acción humana tiene un peso que no se reduce a su importancia en
la situación inicial de su aparición. La acción, igual que un texto,
es una obra abierta, dirigida a una serie indefinida de lectores posibles",
dice Paul Ricouer(4).
La imagen es el contorno de una silueta humana, contorno "prestado"
por otro, por el que reclama ante esa ausencia. En el trazado de la
silueta como marca, hay un "ponerse en el lugar" del que no está,
que recupera el recurso utilizado en el siluetazo de septiembre
de 1982. En esa ocasión, a partir de la propuesta de tres artistas
plásticos a las Madres de Plaza de Mayo y el Serpaj, la Plaza de Mayo
y sus alrededores, se poblaron con las siluetas de miles de desaparecidos
aportadas por el trabajo previo de gremios, centros de estudiantes,
partidos políticos, organizaciones sociales y también por el trabajo
militante intensivo de centenares de jóvenes que trazaron contornos
de hombres, mujeres y niños que dieron su silueta al ausente, al desaparecido.

Siluetazo (1982)
La
silueta es la huella material de la ausencia, es un signo ideológico,
que en el Siluetazo y en las marcaciones de Encuentro por la Memoria,
actúa como denuncia, reclamo, y, a la vez, sirve como nexo entre colectivos
sociales que comparten esa reivindicación. Mijail Bajtín(5) afirma: "Todo producto ideológico posee una significación y representa,
reproduce, sustituye algo que se encuentra fuera de él: esto es, aparece
como signo. Donde no hay signo no hay ideología".
La
utilización de la silueta elevada a signo ideológico, sólo puede darse
entre pares que comparten una historia y bajo el contexto de lucha
por la memoria. Volviendo a Bajtín se coincide en que: "Esta cadena
ideológica se tiende entre las conciencias individuales y las une.
Los signos surgen, pues, tan sólo en el proceso de interacción entre
conciencias individuales. La misma conciencia individual está repleta
de signos. La conciencia sólo deviene conciencia al llenarse de un
contenido ideológico, es decir sígnico y por ende, sólo en
el proceso de interacción social".

El
signo ideológico actúa como interacción entre pares, conciencia social,
lucha colectiva. A su vez, la marcha de antorchas por los barrios,
también remite a rituales ancestrales, ya en el período Paleolítico
los grupos humanos encaraban procesiones. Afirma
Richard
Schechner(6): "En una procesión, el suceso
sigue una trayectoria prescrita; los espectadores se reúnen en el
camino y la procesión se detiene en ciertos lugares designados, donde
se realizan performances".
El Grupo de Arte Callejero (GAC) es un colectivo artístico, aunque
sus integrantes prefieren definirse como "militantes". Surgieron en
1997, y sus objetivos principales son, de acuerdo a lo expresado por
Carolina Golder, "ocupar el espacio público, como una forma de cuestionar
los espacios tradicionales del arte y trabajar en grupo(7)".
A
partir del año 1998 se relacionaron con la agrupación H.I.J.O.S. y comenzaron a participar de los escraches a genocidas.
En los escraches, su participación se destacó en las señalizaciones
viales que indicaban lugares donde habían funcionados centros clandestinos
de detención y domicilios de represores. Esas señalizaciones resignificadas,
impusieron una convención vial, territorial, superpuesta a la "oficial",
trastocando su rol original por otro. El signo convencional y ordenador
del desplazamiento cotidiano en la vía pública, deviene signo ideológico,
señala responsables, genera una nueva cartografía urbana en
la que se materializa la historia reciente y se desnudan dispositivos
e infraestructura funcionales a la aplicación del Terrorismo de Estado.
"Hemos utilizado para nuestras intervenciones los espacios publicitarios,
el código de señalización vial, como así también diversas acciones
performáticas y participamos con otros grupos en acciones colectivas.
Creemos en la creación colectiva y en la intervención del espectador
casual. No defendemos el concepto de obra de arte, si bien usamos
símbolos de la comunicación y del arte plástico visual. Lo entendemos
como intervención e interrelación con la militancia política y una
forma artística", subraya Carolina Golder del GAC.

Al
desplegar las señalizaciones en acciones coordinadas con otros (organismos,
gremios, organizaciones barriales, estudiantes, colectivos artísticos)
se concreta la interacción consciente de colectivos sociales con arreglo a un fin específico: la denuncia de la impunidad.
Cuando se advierte al vecino, al transeúnte de los peligros que la
morosidad de la justicia dejó instalados en lo cotidiano, se está
ejerciendo una ética de lo social que obliga a brindar esa información,
porque como afirma Ricouer, "una acción deja una huella, pone su marca,
cuando contribuye a la aparición de pautas que se convierten en los
documentos de la acción humana(8)".
Hijos
por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S). Esta
agrupación nace en 1995, luego de encuentros y actividades conjuntas
emprendidas por jóvenes hijos de desaparecidos, exiliados y apropiados
que recuperaron su identidad. "Una de las primeras acciones que pudimos
hacer fue juntarnos, organizarnos. La dictadura, entre uno de sus
más siniestros planes apuntaba a generar el miedo colectivo, romper
lazos organizados y solidarios. Nosotros siempre decimos de nuestros
viejos: 'Nacimos en su lucha y ellos viven en la nuestra'. Al juntarnos
demostramos que no los han vencido y que la lucha continúa",
afirma Alejo, de H.I.J.O.S. Zona Oeste. El
tema de la identidad es fundamental en los objetivos, principios y
acciones de esta agrupación. Abarca tanto la identidad propia como
la de sus padres, cuyos ideales reivindican. En documentos y discursos,
se puede advertir una polifonía de voces que "hablan" junto a las
voces de los H.I.J.O.S.. Es la articulación de discursos pasados,
que se actualizan con reivindicaciones presentes.
Arrancaron
trabajando junto a los organismos de derechos humanos "históricos",
pero en el desarrollo de su acción política ampliaron el marco de
alianzas para extenderla a otras formas organizadas de la protesta.
"En el camino te vas encontrando con un montón de otra gente que piensa
y trabaja en un objetivo común al tuyo. Es muy importante poder encontrarse. Si logramos trabajar articuladamente es más difícil que nos puedan
doblegar o vencer y esto facilita el trayecto para llegar a nuestros
objetivos principales. A los H.I.J.O.S. nos conocen por los
escraches. El escrache abarca y ayuda a la construcción de un tejido
social sólido con los vecinos". Ellos consideran que el escrache
no es ni el principio ni el final sus acciones, sino la forma en que
se hace visible un largo trabajo de búsqueda de consenso con la gente.
Previo al escrache, junto a las otras organizaciones, realizan un
largo trabajo en el barrio, que incluye volanteadas, trabajo con los
chicos, actividades artísticas o recitales que sirven para denunciar
entre los vecinos la existencia de un genocida suelto o un lugar que
actuó como Centro Clandestino de Detención. Sólo después de esa profunda
tarea, que puede llevar un mes o más, se logra atraer la confianza
y la participación de los vecinos y es en ese momento que se concreta
el escrache. En los primeros, apuntaron a lograr un efecto mediático
fuerte, ya que necesitaban darse a conocer. Hoy priorizan la articulación
con otros. De todas maneras, siguen anunciando sus acciones a través
de los medios. "Muchas veces cuando intervenimos en el barrio, usamos el panfleto, la radio abierta, el afiche. Son las formas de
comunicarnos con los vecinos, una manera de invitarlos a participar.
Cuando hacemos acciones de masas de mayor relevancia, intentamos
aprovechar las grietas o los espacios que los medios masivos nos dan,
y llegar de esa manera a mucha más gente. Buscamos generar una
acción que nos permita irrumpir -o interrumpir- y dejar nuestro mensaje",
dice Alejo.
El
escrache, que tuvo su antecedente en la exposición pública de deudores,
rompehuelgas o patrones que no pagaban los sueldos de sus trabajadores,
cobró una nueva y activa significación en H.I.J.O.S.. A su
vez, el método fue tomado por otras organizaciones sociales, que a
la luz de la crisis de 2001 lo incorporaron para someter al escarnio
público a funcionarios corruptos, comerciantes deshonestos o empresarios
abusivos. Raúl Zibecchi analiza, en Genealogía de la revuelta(9), al escrache como método incorporado a la protesta social en Argentina.
"Lo que sorprende es la rapidez con que pasó de forma de acción
marginal a incorporarse al repertorio del movimiento popular,
como una forma más de acción colectiva horizontalidad y voluntad de
consenso". H.I.J.O.S. funciona de manera horizontal y así lo
explican en su revista Nº 11 de 2001: "Todas las decisiones, por
pequeñas que sean, se toman en el ámbito de la asamblea de la cual
participamos todos los integrantes. Una organización horizontal supone
que la elaboración de las ideas y los proyectos y la ejecución de
esas ideas y proyectos provienen del mismo grupo de personas. Es decir,
todos piensan qué hacer y cómo, todos realizan eso que se pensó y
es responsabilidad de todos el resultado de esa actividad. De la misma
manera, la elaboración teórica y los posicionamientos políticos parten
del colectivo y el mismo colectivo los sostiene".

La
lucha contra la impunidad y por la identidad, fue llevando a H.I.J.O.S. a nuevas prácticas concretas de lo político, que no descarta la
continuidad histórica de ideales u objetivos. Muchas de sus consignas
son las mismas que levantaron sus padres, resignificadas a la luz
de los reclamos actuales. Tal como subraya Ricouer, el significado
de la acción humana "está a la espera de nuevas interpretaciones que
decidan su significación". En esta experiencia, el sujeto tiene
sitio, existe, se le devuelve sentido a su vida. H.I.J.O.S.,
en sus acciones, ponen el cuerpo, denuncian una ausencia y demarcan
en lo urbano la cartografía del terror que asoló el país durante la
dictadura militar.
A
modo de conclusión: las formas que adopta la resistencia a la injusticia,
crea un repertorio de acciones que se articulan y entran en sintonía
con la de otros colectivos organizados, dando lugar a nuevas acciones.
La trama de lo social se expande, la exclusión se generaliza, pero
también las redes de contención y de difusión de las experiencias
de lucha. Así, en el activismo, una acción es recuperada por otros
militantes, resignificándose, modificándose, creando un campo fecundo
para la copia, la ritualización, la innovación que se adapta a cada
reclamo. Volviendo a Ricouer: "La acción humana está abierta
a cualquiera que sepa leer, nuestros actos se nos escapan y tienen
efectos que no hemos previsto".
1) Touraine,
Alain. Comunicación política y crisis de representatividad. En Ferry,
Jean Marc y Wolton, Dominique, El nuevo espacio público, Editorial
Gedisa, Barcelona, 1992.
2) Manin, Bernard.
Metamorfosis de la representación, Universidad de Chicago. En Dos
Santos, Mario. ¿Qué queda de la representación política? Editorial
Nueva Sociedad. 1992.
3) Schechner,
Richard. Performance. Teoría & prácticas interculturales, Libros del
Rojas, UBA, Buenos Aires, 2000.
4) Ricouer,
Paul. Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica, Fondo de Cultura
Económica, Buenos Aires, 2000.
5) Voloshinov,
Valentín y Bajtín, Mijail. El signo ideológico y la filosofía del
lenguaje, Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, 1976.
6) Obra citada.
7) Gómez, María
Rosa. Apropiación de los espacios públicos. En Revista 2 del Observatorio
de Medios-UTPBA, UTPBA, Buenos Aires, 2004.
8) Ricouer,
Paul. Obra citada.
9) Zibechi,
Raúl. Genealogía de la revuelta. Argentina, la sociedad en movimiento,
Nordan-Comunidad, Uruguay, 2003.
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